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Sumpa

Imagen captada por eAtamain

lunes, 5 de octubre de 2015

La cuestión del idioma


Por Wilson Atamain

Abstract
El proceso por el cual se limita la lengua ha pasado desde el escenario de la subyugación europea hasta los escenarios republicanos. En aquel contexto se limitó a fuerza de la dominación el desarrollo de la cultura y por extensión la lengua de los pueblos amerindios, en los contextos presentes la dominación se amplía pero de una forma más molecular. En los distintos escenarios históricos hay una cuestión común: la dominación de una lengua sobre la otra es letal y efectiva. Pensar seriamente en esta cuestión pasa por un cambio de actitud y de pensamiento.

Palabras claves: Lengua, agenciamiento, dominación molecular, interculturalidad.

El idioma o lengua de un pueblo es la parte más relevante de una cultura y es un medio que discurre entre el universo de la subjetividad del habla y el cuerpo social de una colectividad determinada. Siendo la erosión de la lengua un factor que debilita el cuerpo cultural, para los pueblos es primordial velar por su protección y salvaguarda. El presente escrito describe el proceso por el cual las lenguas indígenas son desvaloradas y reflexiona sobre los detalles (casi naturalizados por el tiempo) que pasan desapercibidas cuando se producen el contacto con las lenguas de los pueblos originarios. Finalmente sugiere una verdadera revolución y giro que debe efectuarse en el proceso de aprehender una cultura y por extensión su lenguaje.

¿Se puede plantear un debate serio sobre la cuestión del idioma? Desde los albores de la invasión europea a los pueblos originarios de Suramérica, los primeros cronistas no ocultaron su sorpresa al contemplar una vasta diversidad de lenguas presentes en el Nuevo Mundo. Cada lengua con su propia particularidad, aglutinantes en algunos y chasquidos en otros, algunos parecían imitar los sonidos de la naturaleza y otros de difícil pronunciación (difícil para los hispanohablantes hasta el día de hoy) por tratarse de formas nasalizadas y complejas asociaciones de consonantes. Por aquellos años para los pueblos amerindios significó un brutal encuentro que no solo se limita al exterminio en número de habitantes por cuestión de guerras o las enfermedades sino también por el etnocidio, es decir, el exterminio del cuerpo socio-cultural (si se quiere, el exterminio del espíritu de una colectividad) y en este escenario se incluye la lengua como el principal objeto de afectación. ¿Cómo ocurrió este proceso? Entre el período que abarca la incursión europea y la fundación de los primeros estados republicanos hay un denominador común, es el proceso por el cual se establecen límites a la posibilidad de desarrollo de los grupos culturales: no solamente el factor económico mediaba las relaciones sociales sino también la lengua impuesta por la dominación mediaría en adelante las comunicaciones. En esto podemos observar una particularidad común a ambos sistemas: la lengua de los dominadores se impone como práctica tanto en la colonia como también en los estados republicanos. Imposición de lengua, imposición de significantes y significado, verdadera forma de dominación tanto en la colonia como en la república: en este significó eliminar las lenguas, limitarla en reducciones, en aquel se  establece la educación monocultural y monolingüe, exclusión y agresión impuesta sobre los hablantes amerindios, menoscabo estructural. Es cierto que con los aportes de la antropología y la acción de movimientos humanistas (como el de Bartolomé de Las Casas en sus inicios) se ha configurado, más o menos dentro del pensamiento moderno, un relativismo cultural y por extensión se trata de asumir que las lenguas son importantes y deben respetarse su estatus dentro de los territorios nacionales. Asistir al simple espectáculo de la diversidad lingüística ya quedaría superada con la valoración y el intercambio proclamados desde el estandarte de la interculturalidad y el relativismo cultural que supone que ninguna cultura es superior a otra. Pero, ¿hasta qué grado se está efectuando esta valoración? ¿se está aplicando un trato igualitario, respetando la diversidad lingüística en los procesos donde se dan relacionamientos inter-culturales?

Si bien se respetan la diversidad cultural declarando la pluralidad étnica como parte de la riqueza de una nación, existe una tácita y en muchos casos explícita desvaloración de las lenguas. Esta paradójica situación nos insta a re-pensar la dominación en otros escenarios; se trata ya no de la clásica dominación donde se produce una relación dual entre dominador y dominado. Es la moderna forma de dominación donde no se necesita coacción ni yugo, basta con hacerse el indiferente, basta con ignorarla con políticas y prácticas, un poco de intolerancia implícita o tácita y he aquí una nueva forma de dominación no sobre el cuerpo sino sobre la lengua. Y, ¿cómo se produce esto? Si en el plano de la ontología ya no se discute sobre si los indígenas tienen alma, en la cuestión de las valoraciones lingüísticas aún se observa un escenario donde se vacila entre si es válido o no considerar una lengua indígena. Existe ese mortal irrespeto por las lenguas amerindias postergando la integración o mejor aún, si se quiere, la valoración de las lenguas y prácticas culturales diferenciadas. En las escuelas ya no se dan bofetadas a los niños cuando por “error” hablan su lengua materna como el quechua pero se recortan los presupuestos para limitar y empobrecer la calidad de la educación intercultural, en procesos judiciales donde se involucran a miembros de los pueblos indígenas, los tribunales niegan a los interesados el acceso a un intérprete; las resoluciones del juez son engorrosas leyes y códigos escritos en el idioma no-nativo, los funcionarios del estado especialmente los registradores civiles no se encuentran capacitados o no disponen de expertos indígenas para identificar los nombres nativos y su correcta escritura. Estas prácticas llevan oculto una dominación más radical pero sutil y mejor orquestada que la dominación basada en coacción sobre la voluntad del hombre.

Siendo este el contexto en la que las lenguas indígenas están sufriendo las afectaciones de un sistema excluyente encontramos una dominación de tipo molecular. Pero para entender esta cuestión debemos considerar el pensamiento por el cual se produce este irrespeto y desvaloración sobre la lengua. La lengua o el idioma nativo es poco menos que un simple dialecto que no alcanza cierto nivel de desarrollo como para ser considerado entre las lenguas reconocidas en el mundo. Este pensamiento impulsado desde la dominación europea al continente americano, considera que las lenguas nativas al igual que todas las culturas de los pueblos indígenas son separadas en bloque, clasificados por el pensamiento para reconocerlos como un grupo separado y diferenciado: estos son los no-civilizados. Cierta desventura de la historia los había separado y los condenaba al estado rudimentario en todas sus formas de vida por lo que la tarea de civilizarlos se constituye en estandarte que justifica todo el proceso de la dominación llevada a cabo. Esta clasificación que separa a las sociedades civilizadas por un lado y las no-civilizadas por el otro, también clasifica sus leguas en dos dimensiones distintas: están aquellos que no califican entre las lenguas más desarrolladas de los grandes imperios. Para comprender esto debemos considerar lo que se entiende por sociedades no-civilizadas: son sociedades, según el pensamiento de los dominadores, sin escritura y donde el modo de vida es de subsistencia. Estas sociedades viven en completa precariedad y carecen de un complejo desarrollo en todo el sistema (económico, político, religioso, entre otros) por lo que no califican para ser considerados entre las sociedades que alcanzaron un grado de madurez por así decirlo. Este es el mito que el pensamiento europeo ha fabricado para justificar entre otras cosas la dominación y dista de la realidad cultural indígena. Derribando el mito sobre el cual se fundamenta el pensamiento que propugna la dominación,  los reportes etnográficos muestran un amplio desarrollo de los idiomas de los amerindios: el vasto conocimiento de las complejas taxonomías de plantas y animales entre la lengua de los amerindios tanto en el norte como en el sur. Por otro lado, el estado de subsistencia y la precariedad de la vida de los indígenas dista de toda realidad, pues los propios europeos se sorprendieron de la soberanía y seguridad alimentaria que gozaban cada grupo cultural a la que observaron y acotaron que todo ello se produce sin la necesidad de contar con un jefe que mande entre los “indios”. Asimismo, el curioso observador no-nativo ha fijado su mirada en la ausencia de un sistema de numeración sofisticada y grita a los cuatro vientos para advertir que las lenguas amazónicas no satisfacen las demandas de rigurosidad que el pensamiento dominante ha impuesto, lo cual sirve de maná para este pensamiento que alimenta y refuerza el mito donde algunas lenguas califican como desarrolladas y no desarrolladas, pensamiento que califica a este último grupo como sociedades no-civilizadas y por tanto menos significativas. Ante tal mito, los estudios de la antropología política nos brindan pistas que nos ayudan a entender esta supuesta ausencia que se entiende como sub-desarrollo e incapacidad del pensamiento indígena para formular categorías complejas como lo es el sistema de numeración: las sociedades sin Estado como las amazónicas siendo sociedades igualitarias no disponían de esclavos ni excedentes de producción. No habiendo necesidad de implementar un sistema de numeración porque no lo necesitaban construyen otros sistemas de conocimiento conforme a sus necesidades. Veamos con precisión, lo que en el fondo se califica aquí es la ausencia o no de un conocimiento lo cual para la rigurosidad de un estudio serio no tiene cabida pues todas las culturas han forjado conocimientos según sus necesidades y la diversidad de los conocimientos no son uniformes. Como se verá los conocimientos se construyen de acuerdo a los usos y necesidades, la lengua sirve para estos propósitos, mientras que en el idioma de los jíbaros no existe el término dios, en las sociedades de organización vertical como el quechua sí.

La dominación, como ya se observó, no pasa solamente en la subyugación del cuerpo y voluntad del hombre también se da en el campo molecular con verdaderos agenciamientos de poder ya sea con la imposición de una lengua y desvaloración del estatus de una sobre la otra, una tácita intolerancia en los juzgados al negar a los indígenas el uso de su propio idioma (dominación desde los tribunales de justicia, injusticia del juez), una cotidiana resolución judicial donde no se involucran a miembros indígenas es tan naturalizado como el irrespeto sobre la lengua; una norma aquí y otra decisión administrativa allá dadas sobre asuntos concernientes al interés de los propios pueblos sin considerar el factor idioma, configuran una nueva forma de imposición molecular pero efectiva en los escenarios actuales. No basta con decir, “¿usted entiende el español?” y con una respuesta “Sí, señor. Entiendo el español”, para seguidamente doblegar e imponer la lengua de la dominación sobre la otra.

Propugnar seriamente la interculturalidad pasa por tomar en serio a los pueblos indígenas cada uno con su propia lengua. Dentro de las políticas y el pensamiento se debe efectuar un giro, un cambio revolucionario del modo de aprehender la diversidad cultural que nos libere de esa actitud (agresiva de irrespeto hacia los pueblos) de pasivos observadores y espectadores. Debemos ir más lejos, no como se viene haciendo: cómodamente y mirando de reojo desde nuestros cascarones. Debemos efectuar valoraciones y verdaderas prácticas que tomen en cuenta la lengua en su verdadera dimensión. Implementar verdaderos canales de comunicación intercultural, que tomen en consideración y valoren las lenguas indígenas, constituye una de las tantas deudas históricas que los Estados republicanos deben compensar a los pueblos indígenas. 

Acerca del autor:

Wilson Atamain es antropólogo por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, es el primero de origen awajun que ha podido concluir satisfactoriamente su carrera profesional en dicha casa de estudios. Actualmente radica en el norte de Perú donde efectúa labores relacionadas con la antropología política y jurídica.


Foto: Muun. Liseth Atamain

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